burinot

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Bio

Le estampó un beso en la frente, cogió su cazadora y salió por la farmacia tras saludar a Macario, a quien esa noche le tocaba la guardia. Irene se quedó absorta ante la tremenda petición de su hijo, cuyo deseo consistía en acostarse con Macario, una de las personas más insoportables que conocía. Carlos estaba llegando demasiado lejos y tarde o temprano el incesto saldría a la luz. Dudaba si tendría valor para hacerlo. Prestarse como partícipe de las fantasías sexuales de su hijo iba a costarle muy caro. Acaban de follarla dos amigos de su hijo, que se le habían meado encima, que le habían escupido, y ahora, a instancias de su amo, debía humillarse ante su subordinado. Cogió el bolso y subió al piso. free porn xhamster youjizz xnxx sexo duro jovencitas relatos zorras pajas mamadas trios comics fakings cumlouder public agent milf maduras follando mature tube stripchat chatrandom camsoda camster live sex xhamsterlive paja por telefono sexcam chicas xxx guarras cachondas jasmin teen porno en directo universitarias bragas trannys parodias Miguel se encontraba sentado en el banco de un parque con un maletín al lado. Permanecía abstraído después de haber derramado unas cuantas lágrimas de terror. Lo había presenciado todo. Con la idea de almorzar con su esposa para protegerla de las garras de su propio hijo, había acudido a casa y al no verla había bajado a la farmacia en su busca. Y allí, oculto en un recodo de la escalera, fue testigo de la espeluznante humillación a la que había sido sometida por parte de Carlos y sus dos amigos. Para su hijo suponía una diversión humillar a su madre de la manera más ruin, meándose incluso encima de ella, animando a sus amigos para que lo hicieran. Debía denunciarle a la policía, aunque antes lo trataría con ella. No podía seguir como un cobarde. Esa misma noche emprendía un viaje a París. Allí tenían una delegación permanente y estaba pensando en llevarse con él a Irene y alejarla de un monstruo perverso de la magnitud de su hijo. Parecía una buena solución. A media tarde se fue a casa. No encontró a Irene por ningún lado, ni en la farmacia, ni Macario ni la chica sabían dónde había ido. Ya tenía todo decidido. Hablaría seriamente con su mujer y la libraría de aquel infierno. Telefoneó a Carlos y le preguntó por ella, pero Carlos tampoco sabía dónde estaba. Tampoco atendía el móvil. Igual había ido a hacer algún recado. Preparó el equipaje, dos maletas grandes llenas hasta arriba, para alejarla de la bestia, y se sentó en el salón a esperarla. Irene se encontraba bebiendo en la barra de un bar, digiriendo la nueva experiencia que le deparaba, una experiencia impuesta por su chulo, por su hijo, la persona que la había convertido en una puta, en una ninfómana. Necesitaba beber para poder asimilarlo. Ya llevaba varias copas y empezaba a sentirse entonada. No sabía cómo iba a hacerlo, cómo se lo tomaría Macario, de qué manera conseguiría echar un polvo con una persona tan repelente, repelente a nivel personal y a nivel físico. Se había vestido para la ocasión con un vestidito de seda de un tono rojo chillón, con escote palabra de honor que le dejaba los hombros a la vista, ceñido al cuerpo y cortito, con la base hacia la mitad de los muslos. Llevaba unos zapatos rojos de tacón a juego, medias de red de color negras, con un liguero sujeto al tanga negro de muselina, se había recogido el pelo con un moño en la coronilla y se había pintado los labios del mismo tono que el vestido, con sombras en los ojos y coloretes en las mejillas, así como varios complementos a juego. Tras varios combinados de whisky, salió del bar rumbo a la farmacia. Eran las diez y media de la noche y ya estaba la verja hacia abajo, así es que entró por la otra puerta. La tienda estaba a oscuras, pero vio luz en la trastienda. Recorrió el pequeño pasillo y apartó la cortina. Macario se sorprendió al verla y no pudo evitar una mirada por todo su cuerpo al verla vestida con aquel glamour. Permanecía sentado en el sofá, viendo la tele, con los pies encima de la mesa y ataviado con un albornoz blanco muy cortito, casi parecía que llevaba minifalda, con sus esqueléticas piernas a la vista. Enseguida se incorporó bajando los pies y cerrándose el albornoz a la altura del pecho, algo avergonzado de que le hubiera pillado así.